viernes, 1 de enero de 2016

Habitación 10

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar.
.- RAYUELA, Julio Cortàzar



 En la habitación enfrentada a la suya, olía a tabaco y hierba, entraba una tímida, artificial y cálida luz de la ventana que daba al hermoso patio andaluz, pero ella apenas lo percibía, estaba sin estar. 
Se extrañaba de lo que acababa de pasar, pero a causa del alcohol u otra razón era incapaz de canalizar esa extrañación hacia la autocuestión. 
Sentía una extraña sensación de frío en las extremidades y movía las piernas para remediarlo deshaciendo las sábanas ajenas, y que desde entonces se volvió costumbre. 
Sentía un pecho cálido contra la espalda y un brazo arropador, fue una eterna sensación, como si ese fuera el acto de dormir y nunca hubiese dormido de otra forma. 
Sentía que su cuerpo reaccionaba de alguna forma, puede que a causa del narcótico, tenía la sensación de caer al vacío tres veces por segundo, en la cama había un remolino que absorbía al abismo. Dormía por instantes o eternidades, perdió toda conciencia, la del tiempo. 
Sin darse cuenta se estaba despidiendo de su amante, hablaba pero no sabía lo que decía, era espectadora de esos dos de los que formaba parte.
Vio como posó los labios sobre los suyos que ardían igual que los de él pero la unión fue gélida, que le recordó a su piel toda caricia pasada minutos o horas antes, y le hizo temblar el resto de la noche que se quedó sola en la habitación con ahora olor indescriptible. 

.-Dawn

2 comentarios:

  1. Nada ocurrido merece réplica, es cuanto no sucede lo que resta intensidad a nuestras vidas.

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